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INGENIERÍA EN ACCIÓN                                                                      Arq. Samuel Villa
                                                                                                                         Márquez
                                  Cuando la cultura
                                define el resultado                                                                      Instituto Lean
                                                                                                                         Construction
                                    de tus proyectos
                                                                                                                         CICDECH,
                                                                                                                         AÑO 34, NÚM.
                                                                                                                         208 /
                                                                                                                         MAY-JUN 2026

AÑO 34, NÚM. 208 MAY-JUN 2026  E n la industria de la construcción existe una narrativa persistente: los
                                                  problemas se atribuyen a la ejecución. Si hay retrasos, se ajusta el
                                                  cronograma. Si hay sobrecostos, se revisan procesos. Si hay fallas,
                                                  se reemplaza personal o se incorpora tecnología. Sin embargo, tras
                                                  cada intervención, la inestabilidad regresa. Cambian las piezas, pero
                                     el comportamiento general permanece. Esto no es casualidad.

                                     Un sistema bien entendido produce consistentemente los resultados para los
                                     cuales está configurado, independientemente de las personas que lo operen.
                                     Esta idea, asociada al pensamiento de W. Edwards Deming, nos induce a con-
                                     cluir: si los resultados no cambian, no es necesariamente porque los procesos
                                     no se estén siguiendo correctamente, sino porque todo el sistema en su con-
                                     junto está diseñado —consciente o inconscientemente— para producirlos.

                                     En construcción, este fenómeno es particularmente visible. Proyectos frag-
                                     mentados, múltiples actores con incentivos distintos, planificación basada en
                                     supuestos más que en capacidades reales, y una cultura de reacción constante.
                                     Bajo estas condiciones, la variabilidad no es un accidente inevitable: es una con-
                                     secuencia estructural.

                                     Durante años, hemos intentado resolver estos problemas desde la inmediatez.
                                     Se introducen nuevas metodologías, software de planificación, herramientas
                                     BIM, consultores especializados. Sin embargo, cuando estas iniciativas no están
                                     acompañadas de cambios en las reglas fundamentales del sistema, terminan
                                     siendo absorbidas por la dinámica existente. Se adaptan al sistema en lugar de
                                     transformarlo, estamos sembrando en tierra estéril.

                                     Aquí es donde la cultura suele quedar sistemáticamente relegada a un segun-
                                     do plano, en particular por quienes dirigen el sector desde una formación pre-
                                     dominantemente técnica, como es el caso de muchos ingenieros.

                                     Es común escuchar que “la cultura se come a la estrategia”, una idea popula-
                                     rizada por Peter Drucker. En construcción, esta frase se utiliza con frecuencia
                                     para justificar por qué las iniciativas de mejora no prosperan. Sin embargo, rara
                                     vez se le considera un factor en la ecuación.

                                     La cultura no es un conjunto de valores declarados ni una aspiración corpora-
                                     tiva. Es el patrón observable de comportamiento diario: cómo se toman deci-
                                     siones, cómo se coordinan los equipos, qué se prioriza bajo presión. En otras
                                     palabras, es lo que las personas hacen cuando operan dentro de las condicio-
                                     nes reales del sistema.

                                     Por eso, intentar “gestionar la cultura” sin un fundamento filosófico sólido no
                                     solo resulta ineficaz, sino conceptualmente débil.

                                     Si un sistema premia la velocidad individual por encima de la confiabilidad co-
                                     lectiva, la cultura resultante será de urgencia y conflicto, sin importar cuántos
                                     talleres de colaboración se impartan. Si los cronogramas se imponen sin consi-
                                     derar restricciones reales, la cultura será de incumplimiento normalizado. Si no
                                     existen consecuencias claras por compromisos no cumplidos, la confiabilidad
                                     nunca emergerá como valor operativo.

                                     En este sentido, la cultura no es la causa primaria del problema, sino su mani-
                                     festación.

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