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URBANISMO
Jerarquía urbana y comportamiento humano La dualidad que ahora enfrentamos
Desmond Morris (1969), en El zoo humano, plantea que los seres humanos conser- La verticalidad ya está siendo aceptada en
van dinámicas de jerarquía y territorialidad incluso en entornos urbanos complejos. Chihuahua. El paradigma comenzó a moverse.
El espacio físico se convierte en un reflejo simbólico de estatus: habitar ciertas zonas Sin embargo, no podemos ignorar sus áreas de
valida posición social. oportunidad.
Desde esa perspectiva, la vivienda vertical difícilmente habría sido aceptada si impli- Lo que aún no está definido es si ese cambio cul-
caba pérdida de capital simbólico. Al ubicarse en zonas consolidadas de alta plusva- tural se convertirá en una verdadera reestructura-
lía, los primeros desarrollos verticales no desafiaron la jerarquía urbana existente; la ción territorial o si se limitará a aumentar la densi-
reinterpretaron bajo una nueva forma. Y esa diferencia resulta fundamental. dad en zonas de alta plusvalía.
Aspiración y mimetismo Las torres en periferia no reducen automática-
mente los kilómetros recorridos. No eliminan la
Ikram Antaki (1994), en Manual del ciudadano contemporáneo, describe cómo el in- dependencia del automóvil. No resuelven la frag-
dividuo moderno busca constantemente escalar en la estructura social. Cuando no mentación urbana. La contradicción sigue ahí.
alcanza plenamente el nivel superior, adopta mecanismos de mimetización: versio-
nes simbólicas del ideal aspirado. Desde una lectura técnica, puede verse como
una incoherencia con el ideal de ciudad cercana.
Este patrón puede observarse en la evolución reciente del mercado inmobiliario Desde una lectura cultural, puede verse como el
local. Después de que los desarrollos de gran altura han legitimado la verticalidad primer paso necesario para que la verticalidad
como signo de estatus, han comenzado a surgir proyectos de mediana altura —cua- dejara de ser rechazada. Ambas visiones pueden
tro o cinco niveles— más accesibles económicamente. No replican exactamente la coexistir.
torre de lujo, pero evocan su lenguaje arquitectónico y su narrativa aspiracional. Es
entonces donde la verticalidad se ha empezado a hacer asequible para otros estra- La verdadera pregunta es otra: ¿Qué hacemos
tos sociales. ahora con ese cambio cultural?
Desde esta óptica, los primeros proyectos pudieron haber actuado como detonado- En la parte II analizaremos cómo esa legitimación
res simbólicos, aunque no necesariamente como piezas de una estrategia urbana simbólica puede orientarse estratégicamente
planeada en conjunto. hacia los subcentros urbanos identificados en el
PDU2040 y qué condiciones normativas, econó-
Cuando el proceso ocurre al revés micas y culturales serían necesarias para conso-
lidar una red de ciudad cercana.
La historia urbana de Chihuahua también muestra lo que sucede cuando el orden
se invierte. La dualidad ya está sobre la mesa. La estrategia
apenas comienza.
Desarrollos como Chihuahua 2000 y diversos conjuntos plurifamiliares impulsados
por Infonavit y Fovissste en los años ochenta ofrecieron soluciones habitacionales Referencias:
masivas. Sin embargo, no lograron consolidarse como aspiracionales para la clase
media. Antaki, I. (1994). Manual del ciudadano contempo-
ráneo. Editorial Joaquín Mortiz.
No se trata de descalificar su función social, sino de reconocer una dinámica cultural: Morris, D. (1969). El zoo humano. Jonathan Cape.
cuando la tipología se percibe como necesidad y no como logro, difícilmente genera Corporación Técnica de Urbanismo. (s. f.). Cénit To-
contagio hacia arriba. rre Residencial.
Corporación Técnica de Urbanismo. (s. f.). Torre Lú-
La transformación urbana, en términos culturales, parece requerir primero legiti- mina.
mación simbólica.
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