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el uso de propano puro. Este gas posee un punto de ebullición de aproxi-
madamente -42° a presión atmosférica. Esta propiedad es fundamental:
permite que bajo presiones relativamente bajas (fáciles de contener en
recipientes portátiles o estacionarios), el gas se mantenga en estado líqui-
do, facilitando su almacenamiento y transporte. Sin embargo, en estado
gaseoso, su densidad es aproximadamente 1.5 veces mayor que la del aire.
Esto significa que, ante una fuga en condiciones de poco viento, el gas tien-
de a acumularse en el suelo y zonas bajas, creando un riesgo de explosivi-
dad latente si no se cuenta con ventilación a nivel de piso. Su capacidad
calorífica, definida por la norma, es de 88,851.7 btu’s/m3.

En contraste, el gas natural, compuesto principalmente por metano con
bajas cantidades de etano, presenta un comportamiento físico opuesto.
Su punto de ebullición es extremadamente bajo, situándose alrededor de
los -161°. Debido a esto, su licuación requiere temperaturas criogénicas
y presiones muy elevadas, razón por la cual suele entregarse por ducto
en estado de vapor. Su densidad respecto al aire es de apenas 0.6, lo
que lo convierte en una sustancia ligera que tiende a subir y dispersarse
rápidamente en la atmósfera. No obstante, su poder calorífico es de 33,354
btu’s/m3, lo que representa apenas un 37.5 % de la capacidad térmica del
gas L. P., por unidad de volumen.

Esta diferencia de poder calorífico (donde el gas L. P., es 2.66 veces
más “potente” que el natural) tiene una implicación directa en el diseño
hidráulico de las instalaciones. Para llevar a cabo la misma tarea térmica,
como calentar una caldera o un horno, se requiere un volumen mucho
mayor de gas natural. En consecuencia, bajo los mismos criterios de
suministro y consumo, los diámetros de tubería para gas natural deberán
ser considerablemente mayores que los requeridos para una instalación
de gas L. P., un factor crítico que el proyectista debe prever desde la etapa
de diseño.

Clasificación de las instalaciones de aprovechamiento

El concepto de “aprovechamiento” es el eje central de la práctica
profesional en el sector de la edificación. Legalmente, se define como el
sistema formado por dispositivos para recibir, regular, conducir y controlar
el flujo de gas con el objeto de utilizarlo en condiciones controladas. El
sistema inicia formalmente en el punto de abasto (ya sea la salida de un
medidor volumétrico en red o el punto de recepción en un tanque) y termina
en los aparatos de consumo.

La normativa mexicana, a través de la NOM-004-SEDG-2004 para gas L.
P., establece una clasificación detallada basada en el uso que se le dará al
combustible. Esta clasificación es fundamental para determinar el rigor de
la inspección y el diseño:

Primero, encontramos las instalaciones domésticas clase A, destinadas al
uso habitacional individual, y su variante clase A1, que se refiere a secciones
de la instalación que alimentan a dos o más instalaciones clase A dentro
del mismo inmueble. Esta distinción es crucial para el diseño de redes en
edificios de departamentos. Segundo, las instalaciones comerciales clase
B y B1 siguen una lógica similar, aplicándose a establecimientos donde se
elaboran productos para comercialización directa o se prestan servicios al
consumidor final.

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