Page 9 - Revista - NIVEL 14 - Rood
P. 9

El recurso más valioso                                                                 Dr. Servio Tulio de la Cruz Chaidez
                                                                      Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ)
A l concluir estas líneas, el lector habrá usado, espero
               que conscientemente, alguna parte del recurso más
               importante que tenemos los humanos: el tiempo.
               Frecuentemente nos hemos planteado que existen
muchos bienes o recursos que debemos atesorar durante nues-
tra vida. Algunos de éstos están relacionados con la prosperidad:
trabajo remunerado, bienes materiales (dinero, pues); otros con
el bienestar: salud, alimentación equilibrada (es decir, vida sana);
otros tantos con aspectos emocionales: lazos familiares y amis-
tades (buenas relaciones afectivas). Sin embargo, el proceso de
adquisición de los recursos antes mencionados requiere, sin ex-
cepción, del gasto o disposición de otro recurso que, en principio,
pudiera estar al alcance de todos: el tiempo.
Desafortunadamente, la invariable movilidad de este recurso,
muchas veces infravalorado, otras veces desapercibido, e indiscu-
tiblemente limitado, nos enfrenta a la realidad que muchas veces
no deseamos o no teníamos contemplada; es decir, si echamos un
vistazo a nuestro pasado inmediato o lejano, podríamos estimar
cualitativa o cuantitativamente, si hemos adquirido en menor o
mayor medida los bienes arriba mencionados (dinero, vida sana,
relaciones afectivas).

La forma en que usemos (‘gastemos’) este recurso (tiempo) de-         Entretenimiento
pende enteramente de nosotros. Habrá quienes nos critiquen por
malgastarlo (la mayoría de los que nos conocen), habrá otros que      09
nos aplaudan por el uso que le damos (los menos) y al resto no
le afecta o ni siquiera se enterará de cómo gastamos (o malgasta-
mos) nuestro tiempo.
Al paso del tiempo podemos obtener, en mayor o menor medida,
los bienes esperados. Sin embargo, la mayoría de las veces ten-
demos a recordar promesas incumplidas o deseos insatisfechos.
Depende de nosotros continuar con la travesía que nos pueda
conducir a satisfacer esos deseos y cumplir esas promesas.
Entonces, ¿cuándo podemos concluir si hemos ‘usado’ apropiada-
mente este recurso, o si hemos perdido, literalmente, el tiempo?
Si bien no es posible responder a esta pregunta de una manera
contundente, es interesante planteárnosla en algún momento de
nuestra vida, y contemplar la posibilidad de recuperar el tiempo, o
al menos, otorgarle el justo valor que merece por lo que nos que-
de, precisamente, de tiempo.
   4   5   6   7   8   9   10   11   12   13   14