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22 ESPACIO D-PORTIVO
IRMA CHAVEZ:
correr es un trabajo interno para
escucharte, valorarte y encontrar tu lugar
en el mundo
O POR: CARMEN ALICIA VELAZCO
riginaria de la comunidad de Rejogochi, en el municipio de Guachochi en la Sierra
Tarahumara, Irma Chávez es madre, maestra y una destacada corredora. Pero, ante
todo, es una incansable promotora de la cultura, la vestimenta y los deportes tradi-
cionales de los pueblos originarios del estado de Chihuahua.
Irma Juana Chávez Cruz, mejor conocida como ‘Noly’ —que en rarámuri significa 'nube'—, comenzó a
participar en carreras desde los cinco años. Al principio lo hacía como un juego, pero con el tiempo,
gracias a su agilidad y destreza, se convirtió en la principal representante de su comunidad: “Ganaba
todas las carreras. Solo perdí una, pero fue porque así lo decidí, por mi seguridad. En ese entonces
yo tenía 13 años; era solo una niña y muchas veces me llevaban a competir sin preguntarme, como si
no tuviera voz. En esa ocasión, para poder continuar la carrera, había que cruzar un río que llevaba
mucha agua, así que por cuidar mi integridad, decidí no hacerlo. Por eso perdí”.
Con solo 15 años, Irma salió de su comunidad a la ciudad de Chihuahua en busca de nuevas oportunidades
de estudio y trabajo, conjuntando sus actividades escolares con concursos de carreras, donde siempre
destacaba. Concluyó la carrera de Ingeniería en Ecología en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH)
y la Maestría en Desarrollo Humano y Valores al tiempo que se convirtió en promotora cultural, convencida
de que la conservación de las tradiciones y la cultura nos conecta como seres humanos con la naturaleza
y le da vida a las comunidades indígenas.
"Como promotora cultural y miembro de la comunidad, considero fundamental que no se pierdan los
juegos tradicionales, ya que son sagrados y espirituales. Estos juegos fortalecen a la comunidad, armonizan
nuestra relación con la naturaleza y generan alegría tanto en las personas como en el entorno que nos
rodea. Si llegáramos a perder estas tradiciones, siento que la comunidad estaría más triste y dividida”.
Agregó que cuando fue invitada a trabajar en diferentes asentamientos de la ciudad, como promotora
cultural su principal preocupación era fortalecer la identidad de los niños para que estuvieran orgullosos
de sus raíces, así que primero trabajó con las mamás para que ellas estuvieran conscientes de todo lo que
implica su cultura y poder llevar con dignidad la vestimenta, las tradiciones y las fiestas: “Porque son las
raices lo que nos sostienen”.
Con este compromiso es que comparte su tiempo y experiencias con niñas y niños de la comunidad a
quienes por medio de juegos y actividades transmite el amor por el deporte y la cultura: “Yo les digo que las
carreras son como la vida, son retos personales que muchas veces enfrentamos con miedo. A medida que
avanzas sientes el cansancio y el dolor, pero también la fuerza para llegar a la meta. Es un trabajo personal
muy fuerte, y yo siento que la vida es eso, un trabajo interno muy fuerte en el que aprendes a escucharte, a
valorarte y a darte el lugar que mereces en el mundo”.
Para la cultura rarámuri, la actividad física es parte de la vida cotidiana y una necesidad, tanto por las largas
distancias que recorren como por su forma de entender y relacionarse con la naturaleza: “En los pueblos
nos enseñan que los árboles nos escuchan, que todos los seres vivos nos prestan atención si caminamos
con respeto. En una de las carreras, me acosté a descansar y pude contemplar la belleza de estar en el
fondo de la barranca. Observé cómo se movían los árboles, y sentí como si me estuvieran dando permiso
para seguir corriendo”.

